Investigadores desarrollan un motor naval que genera su propio hidrógeno a partir de amoníaco
Cada año, el transporte marítimo internacional mueve más de 80% del comercio mundial y genera casi 1.000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero. La cifra es impresionante. Y muy elevada. A pesar del auge de las energías renovables, gran parte de los buques siguen funcionando con fuelóleo pesado, un combustible extremadamente contaminante que continúa dominando el sector debido a su alta densidad energética y fiabilidad en rutas de larga distancia.
La presión para cambiar esta situación es cada vez mayor. La Organización Marítima Internacional (OMI) se ha fijado el objetivo de alcanzar las emisiones netas cero para 2050, lo que obliga a las navieras, los puertos y los fabricantes de motores a buscar alternativas capaces de operar durante semanas en el mar sin comprometer la seguridad y la autonomía de los buques.
Aquí es donde entra en juego el amoníaco. En los últimos años, este compuesto químico se ha convertido en uno de los candidatos más prometedores para la descarbonización del transporte marítimo. Tiene ventajas importantes: no contiene carbono, se puede almacenar con relativa facilidad y existe una infraestructura industrial global ya preparada para su producción y transporte.
Pero el amoníaco no es perfecto. Es difícil de encender, arde lentamente y puede generar emisiones de óxidos de nitrógeno, gases con un fuerte impacto climático y en la salud. Y, por supuesto, aparece otro protagonista: el hidrógeno.
El problema del hidrógeno en los barcos
El hidrógeno arde de forma rápida y limpia. Mezclarlo con amoníaco mejora el rendimiento del motor y ayuda a reducir las emisiones contaminantes. El gran obstáculo es su almacenamiento.
Para mantener el hidrógeno líquido, es necesario enfriarlo a unos -253 °C. También se puede comprimir a presiones muy altas, aunque esto implica depósitos enormes, costosos y complejos. En un buque mercante, donde cada metro cúbico cuenta, dedicar espacio a estos sistemas puede resultar económicamente inviable.
Este cuello de botella ha frenado durante años el uso masivo del hidrógeno en la navegación marítima. No porque el combustible no funcione. El verdadero problema reside en cómo almacenarlo y transportarlo de forma segura durante viajes de miles de kilómetros.
Investigadores de la Universidad Nacional de Singapur proponen una alternativa bastante ingeniosa: producir hidrógeno dentro del propio motor mientras el barco navega.
Un motor que genera su propio hidrógeno
El estudio, publicado en la revista científica Joule, propone un concepto de motor híbrido de amoníaco e hidrógeno que utiliza únicamente amoníaco como combustible principal.
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