CBAM, fertilizantes y amoníaco renovable: una pieza clave en la transición
Por José Ramón Freire López, Director General de la Asociación Española del Amoníaco Renovable (AEAR) para Oilgas
El Mecanismo de Ajuste en Frontera de Carbono (CBAM) se ha consolidado como uno de los instrumentos centrales de la política climática e industrial de la Unión Europea. Su objetivo principal es garantizar que los productos importados asuman un coste de carbono equivalente al de los producidos en Europa, evitando así la deslocalización de emisiones y asegurando condiciones de competencia equitativas. Sin embargo, en su fase de implementación, el diseño y alcance del CBAM han desatado un intenso debate, especialmente en el sector de los fertilizantes, donde confluyen sensibilidades industriales, agrícolas y sociales.
El papel indispensable del amoniaco renovable
El amoniaco es la base de la producción de fertilizantes y representa uno de los vectores con mayor potencial para la descarbonización de la industria y del transporte marítimo. Actualmente, la versión renovable de este compuesto presenta costes superiores frente a las alternativas convencionales. Ante esta realidad, el CBAM actúa como una señal de mercado estrictamente necesaria para activar inversiones y viabilizar el despliegue del amoniaco renovable a gran escala, reconociendo el valor de su menor huella de carbono.
El desafío en la cadena agroalimentaria
El reto se vuelve sumamente complejo al analizar el impacto del mecanismo en el sector de los fertilizantes y en toda la cadena agroalimentaria. El sector agrario ha mostrado su preocupación ante el riesgo de que el binomio ETS [Comercio de Derechos de Emisión] + CBAM provoque un incremento estructural en los costes de los agricultores. Al ser un sector muy sensible a los costes, cualquier encarecimiento de los insumos puede trasladarse al precio de los alimentos, introduciendo riesgos asociados a la seguridad alimentaria y la inflación.
El dilema de la cadena de valor: ¿Dónde está el límite?
Determinar hasta dónde debe aplicarse el CBAM a lo largo de la cadena de valor es uno de los mayores desafíos actuales. Si el ajuste se aplica únicamente a los fertilizantes importados, se corrige una distorsión, pero se encarece la producción agrícola en Europa. Si los productos agrícolas importados no están sujetos a un mecanismo equivalente, nuestros agricultores corren un grave riesgo de perder competitividad y deslocalizar su producción frente a competidores externos que emplean fertilizantes más baratos e intensivos en carbono.
Por el contrario, aplicar el CBAM a toda la cadena agroalimentaria podría generar efectos inflacionarios directos en la cesta de la compra del consumidor y desatar tensiones comerciales o represalias por parte de terceros países. Nos enfrentamos, por tanto, a un equilibrio complejo con implicaciones económicas y geopolíticas profundas.
Evitar falsas dicotomías y buscar soluciones integrales
Es crucial no caer en la falsa dicotomía de enfrentar a la industria con la agricultura, o a la descarbonización con la competitividad. Debilitar el CBAM no resolvería el problema; al contrario, generaría nuevas distorsiones, aumentaría la dependencia de importaciones y erosionaría la señal de inversión para tecnologías limpias. La clave no está en reducir la ambición del mecanismo, sino en mejorar su diseño.
Desde la AEAR, apoyamos un enfoque integrado de cadena de valor. Extender el mecanismo hacia los productos transformados (downstream) es un paso en la dirección correcta para evitar que entren emisiones indirectas al mercado europeo. Asimismo, se deben integrar de forma coherente mecanismos complementarios, como el Marco de Certificación de Eliminación de Carbono (CRCF), para incentivar la reducción de emisiones en la agricultura.
El amoníaco renovable no es solo un producto industrial, sino un elemento clave de conexión entre la energía, la industria y la agricultura. Para aprovechar este potencial, es imprescindible que el marco regulatorio reconozca adecuadamente su valor en la reducción de emisiones y le otorgue condiciones de competitividad en el mercado.
El éxito del CBAM dependerá de nuestra capacidad para diseñarlo de forma equilibrada, garantizando la competitividad de la industria europea, protegiendo al sector agrícola de impactos desproporcionados y emitiendo señales claras para la inversión. Solo de esta manera avanzaremos hacia una economía descarbonizada sin comprometer el desarrollo de soluciones clave como el amoníaco renovable.
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